Poder: Problema y posibilidad.

Roberto Castro Lizarbe, Jefe de Redacción de Perúeconómico.

La lista de los peruanos más poderosos que acompaña esta edición de Perú Económico está matizada por datos extraídos a partir del rastreo de los nombres de los protagonistas en la web, a partir de motores de búsqueda en diferentes páginas. Como reflejo de su poder, todos ellos aparecen mencionados muchas veces en el ciberespacio. En el campo más democrático de la aldea global, son “alguien”.

Por otro lado, si alguien, de a pie y sin comillas, entrecomilla más bien la frase “el Perú es un país poderoso” en Google, se topará con resultados estadísticamente iguales a cero. Resultado que es menor que los tres que arroja la búsqueda “Chile es un país poderoso”, sabe a pequeñez si se los compara con los 33 que reporta “Brasil é um país poderoso” y lidia con la inexistencia al lado de los 569 que derivan de “United States is a powerful country” (sin considerar los 255 adicionales que pueden obtenerse con “US is a powerful country”).

Ciertamente, esos datos sirven más para la anécdota que como símbolos reales de poder. Puesto que si muchos bloggers rebotan esa frase y los siempre animosos internautas peruanos comienzan a circular cadenas de correo electrónico con el lema, es muy posible que rápidamente pase a encabezar la lista. Tal como ocurrió, por ejemplo, para consagrar a Machu Picchu como una de las siete maravillas del mundo moderno, en un hecho que en el mediano plazo tendrá, con seguridad, un impacto menos anecdótico y más tangible sobre los US$19 millones que hasta el año pasado invertía PromPerú en la difusión de la imagen del país en el exterior. “Los peruanos sí podemos” (1,350 resultados en Google) es la muletilla que se repite cual cantaleta cada vez que se exaltan casos como el logro ciberespacial de Machu Picchu. Aunque para que esa conjugación de “poder” mute del verbo al sustantivo haya que repasar más de un punto crítico.

Buscando un sitial para el Inca

Antaño, mucho antes de Google y sus caprichos, saber qué país era más poderoso que otro era un hecho casi tan obvio como objetivo. Las guerras construían el mejor indicador posible y los territorios anexados, el plus en la cuota de poder. Hoy, con lo bélico –al menos en teoría– confinado a la categoría de lo condenable, el poder relativo entre países responde a cifras más amistosas y casi por defecto enclavadas en lo económico.

El World CIA Factbook, por ejemplo, alude a la noción de “países más poderosos” para ordenar la lista de aquellos con mayor nivel de PBI (encabezada por Estados Unidos, con US$13.84 billones) o los que poseen mayor nivel de reservas de oro y moneda extranjera (encabezada por China, con US$1.53 billones). En esas listas, el Perú aparece, respectivamente, en los puestos 50 y 41; y, también de modo respectivo, en el sexto y cuarto lugar de Sudamérica. En el caso del PBI, cabe anotar, los cinco países que figuran por encima del Perú (Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia y Chile) son los mismos que la Encuesta del Poder ha arrojado delante del Perú en su pregunta respecto del poder relativo en la región. Como lo económico predomina hoy en el imaginario para atribuir poderes, justamente los más de siete años de crecimiento consecutivo del PBI peruano son los que constituyen el principal respaldo para que hoy despierte más curiosidad que sorna una inquietud tal como cuándo será el Perú un país poderoso. “Se parece mucho al Chile de comienzos de los noventa: tan sorprendido por su propio momento que no acaba de creérselo ni termina de saber hacia dónde apuntar”, opina Manuel Mindreau, ex catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad del Pacífico. 

Algo estructural en ese aspecto es la posición opuesta que el Perú exhibe actualmente a la política de países vecinos sobre los que habría de ejercer influencia natural, como Bolivia o Ecuador. En un escenario regional cada vez más bipolar que multipolar, la posición favorable del país puede ser vista, al menos durante su tránsito hacia el desarrollo, como ejemplo o contraejemplo, según el caso. Por ello, para Mindreau un factor sustancial para que el Perú pueda ser entendido como un país con poder en la región es que defina la suerte de “nicho” en el que pretende establecer su cuota. Por ejemplo, si busca constituir una especie de potencia intermedia de perfil bajo como lo son Suecia o Suiza en Europa –que se manejan con independencia y autonomía del poder hegemónico de otras naciones, pero a la vez tienen un peso relativo importante en la estabilidad del sistema, o más bien persigue un posicionamiento del tipo España o Polonia, países hoy alineados con Estados Unidos pero a la vez importantes en el sistema europeo como paradigmas de transformación de dictadura en democracia con altos niveles de PBI per cápita –no obstante la reciente recesión en el caso español–.

La última posibilidad suena más parecida al caso chileno y a lo que podría ocurrir con el peruano, “quizá aspirando inconscientemente a formar sociedades estratégicas hacia el 2021 con Brasil y Estados Unidos por igual, pese a que ambas son potencias que suelen chocar entre sí por el poder en América Latina”, prosigue Mindreau. En esa misma línea, asoma decisivo también el impacto de una reunión como la Junta de Gobernadores de APEC que tendrá lugar en Lima en noviembre, donde el país podría captar miradas hacia algo que constituye una vieja aspiración chilena: convertirse en la puerta de acceso hacia Sudamérica para China y el resto de Asia.
 

Del marco macro al cuadro micro
Con las posibilidades de que el país constituya un “milagro económico” en 10 años –es decir, antes del bicentenario de la Independencia– situadas en 93 por ciento de acuerdo con un reciente estudio del BCR (Perú Económico junio 2008), el poderío que el país gestaría internamente tendrá impacto en su posición en el tablero regional, en buena medida, según la imagen que los mercados mundiales le sigan otorgando. Obtenidos en lo que va del año, además, dos de tres grados de inversión de las principales clasificadoras de riesgo del planeta, en lo meramente macroeconómico el panorama asomaría alentador en términos de exposición de la marca Perú. No obstante, es importante tomar en cuenta que un reciente reporte del Barclays Capital para América Latina sugiere que los papeles de la deuda peruana, aun siendo considerados competitivos, podrían sufrir en el corto plazo algunos impactos negativos derivados de la crisis financiera mundial, por efectos de la aversión al riesgo.

Sea como fuere, lo cierto es que el nombre del país se “marketea” hacia fuera tanto con indicadores de este tipo como con otros menos objetivos y más emotivos. Y que por una cuestión de impacto mediático y alcance comunicacional, terminan –como Machu Picchu– ejerciendo un impulso determinante no sólo en cuestionables sensaciones de orgullo colectivo, sino en indiscutibles efectos sobre la economía y, si se las quiere ver de modo separado, las cuotas de poder. Para efectos de este artículo, se plantearán tres de esos escenarios: uno en el que al Perú le va muy mal, otro en el que parece tener un enorme potencial que no termina de descubrir del todo y un tercero en el que comienza a irle bien.

El poder del deporte: no existe. Si los últimos Juegos Olímpicos de Beijing fueron para China una primera señal de hegemonía sobre los Estados Unidos, para el Perú significaron la confirmación de cifras pésimas. Cuatro medallas obtenidas en toda la historia olímpica, la única de oro hace 60 años, sugieren que el país es nada poderoso en un ámbito que arrastra sensaciones colectivas y es considerado el sucedáneo más fiel de las guerras entre países por confrontar, indirectamente, a una bandera con otra.

No obstante, para Lou Tice, fundador de The Pacific Institute, el hecho de que un país utilice símbolos externos de poder como los que se generan con el vínculo hacia una representación deportiva puede ser colectivamente peligroso. “Es artificial. Si ellos ganan, “nosotros ganamos” y no hicimos nada para ello. Pero si ellos pierden, “perdemos” sin haber tenido control en ese desempeño”, sostiene.

La interpretación de Tice podría explicar bien el hecho de que el deporte haya fungido de elemento distractor o “cortina de humo” para muchas sociedades a lo largo del siglo XX y hasta la actualidad. Pero a la vez, es indudable que un país deportivamente poderoso mejora su imagen internacional y estimula el consumo interno vía las actividades en las que se especializa. A propósito de ello, en un reciente artículo periodístico, el vicepresidente del Comité Olímpico Peruano, Jorge Rivva, opinaba que la especialización en deportes de combate o artes marciales podría ser una buena estrategia para que el Perú comience a acumular poder en el sistema deportivo mundial y así generar un mejor escenario de partida para el desarrollo de otras disciplinas.

El poder informático: está por verse. La exportación de software peruano ha trepado, según cifras de Apesoft, de US$4.5 millones a inicios de década a US$16.3 millones proyectados para el 2008. De acuerdo con Internet World Stats, en el 2007 hubo 7.32 millones de usuarios de Internet en el país, lo que equivaldría a una penetración cercana al 26 por ciento, la quinta más alta de toda América Latina. Era, de acuerdo con Alexa, el país que hasta hace un año aportaba mayor cantidad de visitantes a la red social Hi5, antes de que la importancia de ésta fuera desplazada por Facebook.

¿Es el Perú, entonces, un país poderoso en términos informáticos? La capacidad local de hacer ruido en la web expuesta al inicio del artículo sumaría evidencia sobre el tema. “Si el conocimiento de la información fuera más productivo que el simple intercambio de fotos y chismes, sí podría ser poderoso”, opina Rolando Liendo, gerente general de Lolimsa. Para él, en el mundo informático peruano hay muchas cuotas dispersas de talento individual –empezando por las empleadas para fines perversos como el “pirateo” de programas y videojuegos–, pero poco o nada articuladas como para constituir un elemento de poder.

“Con facultades fuertes de ingenie-ría de software sí podríamos hablar de ello. Sino, es lo mismo que referirse a un Ýzaga o a un Horna en el tenis”, agrega Liendo. Recorrer el trecho de Wilson a Silicon Valley, al parecer, comenzaría por cambiar el chip de portadores de infor-mación por el de redes auténticamente productivas con ese insumo.

El poder gastronómico: ¿encaminado? Si de algo se vanagloria hoy el Perú en especial es de su gastronomía, considerada por la reconocida consultora del sector Joseph Baum & Michael Whiteman como la segunda de 10 tendencias mundiales que los restaurantes de Estados Unidos debían seguir el 2007.

"Creo que el Perú será un país poderoso el día que su cultura sea un referente para el mundo. Exportando oro, cobre, plata o zinc, basas la economía en extracción; abriendo mercados, mentes o corazones, efectivamente conquistas”, opina Gastón Acurio. El empresario y gastrónomo considera que la cocina peruana está sobrepasando las dos trabas neurálgicas expuestas en los casos anteriores: especialización, al concentrarse en los platos en los que el Perú tiene ventajas competitivas, y articulación de talentos, al funcionar el mercado local de chefs como uno en el que la oferta no se estorba mutuamente y más bien procura mejorar estándares de modo conjunto.

Historia revisitada
Los casos expuestos no descubren la pólvora, pero si exponen realidades disímiles para capacidades que distintos segmentos de la sociedad arrogan a la peruanidad. Y dan una idea de cómo ésta construye –o reconstruye– su poderío internacional a partir del presente de cada uno.

Basadre habló del Perú como problema y posibilidad. La determinación del poder relativo del país sugiere alguna semejanza con ello: trauma histórico por haber perdido un legado supuestamente hegemónico, sea con incas o colonizadores, y opciones de construir un nuevo poderío a partir de realidades acaso inesperadas. “La influencia histórica, así como el tamaño de un país, no es una limitación perenne para su cuota de poder. Tienes a los países de la antigua Unión Soviética, pero también tienes, por ejemplo a Singapur frente a China o Japón”, ejemplifica Tice.

“El Perú es súper” arroja 3,750 resultados en Google. “El Perú es de la c…” (frase que perennizó el grupo Nosequién y los Nosecuántos) reporta 427. Que el Perú y el poder se fundan en un mismo resultado tendrá, al parecer, mucho que ver con que sus orgullos comiencen a ir más lejos que vanagloriarse por récords Guinness como la elaboración del cebiche más grande del mundo.
 

Perúeconómico. Volumen XXXI/No.9/ Setiembre 2008

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Comentarios (1)

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Por mochica (2 meses)

Hasta hace algunos no muy lejanos años la autoestima nacional peruana estaba muy venida a menos. Esto nos hacía muy débiles frente a la influencia extrajera que era considerada por el común de los peruanos como mejor que lo nacional. Afortunadamente, esto parece que ha empezado a cambiar a raíz de un mejor manejo macro-económico, al éxito de algunos chefs peruanos en el extranjero, a la ejecución de carreteras trasnoceánicas( norte y sur), a la elección de Muchu Picchu como una de las nuevas siete maravillas del mundo, el gas de camisea, las inversiones nacionales y extranjeras y a los calificativos que logra el Perú de parte de entidades internacionales de prestigio. Esto ha empezado a hacernos creer a los peruanos que nunca fuimos un país pobre sino mal gerenciado, tenemos 80 nichos ecológicos de 104 en el mundo. Esto nos hace poderosos al tener al mismo tiempo casi todos los climas del mundo y con ello una mega diversa producción agropecuaria potencial y real. Lo que nos falta es acudir a nuestra memoria histórica para empezar a sintetizar en una bitácora nacional la domesticación de plantas y animales que nos viene desde nuestras diversas culturas (costeñas, serranas y selváticas) precolombinas. El poder del Perú está en nosotros mismos y en nuestras manos. Esa inagotable capacidad para levantarnos después de las catástrofes (naturales y humanas) esa increible capacidad de subsistencia vendiendo lo que sea para llevar pan a la mesa,haciendo caminar vehículos que en otros países son chatarra, etc, etc. VIVA EL PERU, CARAJO!!!!!!!!

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